La reserva debe salir de una estimación de tus impuestos, no de un porcentaje copiado de otro freelance. Cambia según régimen, IVA de tu actividad, retenciones, gastos admitidos y otros ingresos. Puedes usar una previsión provisional y ajustarla al cierre mensual.
Separa dinero recibido y dinero disponible
Una consultora recibe un pago que incluye IVA. Parte del depósito puede corresponder a ese impuesto, y no a sus honorarios disponibles. Si el cliente retuvo impuestos, el depósito será menor que el total del servicio; esa diferencia tampoco significa que el precio haya bajado.
La Ley del ISR, artículos 106 y 113-E, contempla cálculos distintos para actividades profesionales y RESICO. La Ley del IVA, artículos 1-B y 5, exige revisar cobros y acreditamiento. Una sola regla de “guardar cierta parte de todo” puede quedarse corta o inmovilizar dinero innecesariamente.
Construye la reserva en tres pasos
Primero estima los cobros del mes sin mezclar transferencias propias. Después calcula ISR y, cuando corresponda, IVA considerando las retenciones y requisitos de tus gastos. Finalmente, guarda la suma prevista en una cuenta o apartado identificable y actualízala al registrar nuevos movimientos.
Por ejemplo, si un proyecto se paga en dos meses, la reserva debe revisarse con cada cobro y con el periodo al que corresponde. No reserves todo al principio para olvidarlo después, ni retires todo hasta que llegue el aviso del contador.
Entrega un corte semanal de ingresos, gastos y retenciones. Pide que la estimación incluya el efecto de contratos próximos y una fecha para convertirla en cálculo definitivo.
La reserva fiscal funciona mejor junto con otra de operación: software, colaboradores y renta. Así sabes qué dinero puedes pagarte sin consumir recursos comprometidos. El objetivo es llegar al vencimiento con el monto previsto y entender cualquier diferencia entre estimación y declaración.
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